Cuando Sebastián Lidijover empezó Club Carbono y me suscribí para compartir su lectura cada domingo de pandemia, no imaginé que las idas y vueltas entre libros me pondrían de este lado del mail. Por entonces, con un amigo encarábamos una librería y el Club me acercaba a libros que podría recomendar. Hace dos años que recibimos las lecturas de Ana Clara, la sucesora. Leyó por nosotros libros que no sólo recomendé sino que también sumé a mi biblioteca. Me acuerdo de seguir con ella la lectura de Los Sorias o de comprar Apiádense del lector, el librazo de Kurt Vonnegut y Suzanne McConnell , por el entusiasmo que inyectó en sus entregas. El domingo pasado se despidió de este espacio y, antes de salir por la puerta grande, me pasó la posta. Me presentó, pero repito: me llamo Facundo Basualdo, nací en Tandil, estudié Comunicación Social en La Plata, fui librero y hace poco más de un año soy parte del equipo de Ediciones Godot. Ante la duda siempre tomo mate y todavía no descubrí si leo porque me gusta estar en silencio o viceversa.
Desde hoy compartiré mis lecturas del Club sin romper nada: equipo que gana no se toca así que, salvo por mi incorporación, todo seguirá igual.
Déjenme citar a Ana Clara una vez más. Una de las últimas preguntas que le dedica al último libro que leyeron, La mano del pintor, de María Luque, fue: “¿Si la mano amputada hubiera sido la izquierda?” Y yo, ya con las imágenes futboleras del libro que leeremos este mes, pensé en Diego Maradona: si le hubieran amputado la mano izquierda, hace 40 años no hubiera existido la mano de Dios.
Ese es otro dato para mi presentación: nací en el glorioso 1986, nací –puede decirse– campeón del mundo. Del mundial de 1990 no me acuerdo nada, del ’94 poco: me habían regalado un conjunto todo verde y decía que era hincha de Camerún. Pero en 1998 la cosa era distinta: jugaba al fútbol en un Club y cada partido era tema de conversación con mis amigos de la escuela. Me acuerdo del momento sentado en el borde de la cama de mi madre viendo la definición por penales contra Inglaterra y rogando: “por favor, Roa, si atajás este te juro que me voy así como estoy a dar una vuelta al parque”. Es cierto que no parece una gran promesa, pero en Tandil hace mucho frío en invierno y yo estaba sólo con remera: por suerte no hay foto ni video de esa vuelta al trote.
Once metros. Arte y psicología del penal perfecto, del periodista británico Ben Lyttleton (Hueders) tiene como disparador la seguidilla de partidos en los que Inglaterra no logró superar la tanda de penales. Ni en la Eurocopa ’96 contra Alemania ni en Francia ’98 contra Argentina, ni en la Eurocopa de 2004 y el Mundial de 2006 contra Portugal, ni en la Eurocopa de 2012 contra Italia. Esas derrotas consecutivas desde los doce pasos lo impulsaron a investigar: ¿Qué pasa con Inglaterra y los penales? ¿la presión se hereda? ¿hay que practicar desde el punto de penal o toda la ceremonia que incluye la caminata desde mitad de cancha?
Pero ese es sólo el disparador. Once metros es ambicioso: intenta responder cómo se mete o se ataja un penal. Para eso nos lleva al principio de todo: nos cuenta cómo fue que en Irlanda, el 2 de junio de 1891, se determinó el penal como sanción para lo que hasta entonces era un tiro libre. Después nos pasea por distintas definiciones, se entrevista con arqueros y pateadores y especialistas varios, y define perfiles de varios jugadores, algunos que atajaron todo como Dibu Martinez en Qatar 2022 y otros que tuvieron rachas de errar demasiado, como Martín Palermo contra Colombia en la Copa América en la que erró tres penales en 90 minutos.
La cartografía sobre la que trabaja es global y cada paso que da tiene que ver con estadísticas pormenorizadas y un análisis del laburo psicológico que, cada vez más, tiene incidencia en el fútbol profesional, pero también con el arte: el perfil de Sebastián Abreu es espectacular.
No se nos ocurrió mejor lectura para hacer en un julio de Mundial. Empezamos este recorrido en plena segunda fase: los penales están en el horizonte de cada partido. Y, cerramos con este dato para tirar en la próxima juntada, ¿sabías que el promedio de acierto de penales en cualquier competencia ronda el 80 por ciento pero que en los mundiales baja al 71 por ciento? Messi errándole al arco contra Austria es sólo una muestra.
Nos leemos el próximo domingo.
F.
