Hace unas semanas, leí un libro de cuentos de un clásico escritor brasileño. Empezaba con un prólogo de alguien que había estudiado al autor y compilado esos textos. Como lo abrí en una ventana de tiempo libre que sería breve, entré directo al primer cuento. Después leí el siguiente y así hasta el final. Recién fui por el prólogo cuando lo terminé: ¡menos mal! El estudioso adelantaba finales de algunos de los cuentos, explicaba giros, describía modos de los personajes que uno podía intuir en la lectura. Evidentemente, era un texto para leer después y no antes de los cuentos. Los prólogos, al menos en la ficción, son textos para abordar con cautela.
El libro que leeremos en agosto, Amistad para adultos, escrito por la japonesa Nao-Cola Yamazaki y editado por Shiro, tiene prólogo: abrí la tapa, pasé la hoja de cortesía, después la portadilla, leí los legales y ahí, sin índice mediante, lo vi. Con un antecedente tan cercano, temí, dudé pero, como dijimos la semana pasada, elegí creer.
La autora del prólogo es Aimee Bender, una escritora estadounidense de relatos breves definida como surrealista en su perfil de Wikipedia. Es, a su vez, un prólogo breve para un libro breve en el que subraya algunas ideas sobre los textos de la escritora japonesa. También nos habla de los finales, de los cierres en los relatos pero no dice más que «algo queda inusualmente abierto, algo que retumba bajo las palabras».
Nos habla, además, de lo contemporáneo en la escritura de Yamazaki: «Vivimos en todos estos estados. Yamazaki nos lo recuerda», dice, en relación a lo «entristecidos, felices, aliviados, conectados y separados» que presenta a una ex pareja que se reencuentra. Y también de nuestra contemporaneidad: de las preguntas que se hace alguien que ronda los treinta años hoy, «en particular si se trata de una mujer», entre la vida laboral, la familia, la intimidad, el amor, el deseo.
Bender destaca cómo Yamazaki aborda esas preguntas y las transformaciones que genera crecer haciéndoselas: «rinde a ese mismo deslizamiento, a esa esencia de la no esencia, un hermoso homenaje». El primer relato, Genealogía falsa , plantea esa transformación permanente desde un origen peculiar: una piedra que, al caer al agua, se vuelve ameba. De lo inerte a la vida, donde el tiempo juega un papel esencial.
Nao-Cola Yamazaki es japonesa y ya pasó las tres décadas. Para ser más preciso, nació en 1978 en Kitakyūshū. Luego estudió en Tokio. Su nombre es Naoko pero, también según su Wikipedia, eligió Nao-Cola como seudónimo por su gusto por la Coca-Cola Light.
La contratapa pareciera presentar el libro como si fuera una novela breve pero en el prólogo Bender habla de la individualidad de los relatos que lo conforman. En esa aparente contradicción en realidad podríamos ver un matiz: pueden ser cuentos como piezas sueltas que juntas arman una imagen más acabada de los personajes, de una mirada sobre la época y la vida urbana, de una generación.
¿Será similar la forma de habitar la ciudad en Tokio que en una ciudad occidental como Buenos Aires? Las preguntas de una mujer de 30 años, ¿serán las mismas en Argentina que en Japón? ¿Habrá un modo esencial de la existencia alrededor del mundo? ¿En dónde veremos esos gestos que, desde Occidente, marcamos como «lo Oriental»?
Lo bueno de tener tanto tiempo para leer estas 75 páginas es que podemos pensar y responder con detenimiento, quizás ponerlas en diálogo con música o películas (desde el principio que tengo en mente Días perfectos, de Wim Wenders), quizás terminemos queriendo conocer Japón, porqué no.
Una cosa más: gracias por las respuestas al correo anterior. Todas las formas que permite la virtualidad –léase: leer en silencio, leer salteado, responder siempre, hacer sugerencias– son válidas pero no deja de ser gratificante saber que uno no está hablando solo. A veces, cuando lo hago en mi casa, me preocupo. Aunque, también es cierto, enseguida se me pasa.
