Una vez, por un comentario de alguien seguramente en la vieja Twitter, llegué a esta entrevista de Pablo Plotkin a Adrián Dárgelos a propósito del lanzamiento del álbum Discutible . Esa fue mi puerta de entrada a su música. Claro, conocía una buena cantidad de canciones: es una banda que tuvo hits desde que soy muy pequeño. Pero nunca les había dado la atención necesaria.
En ese ida y vuelta, en el que reconocía a alguien que pensaba más de lo que decía, que sabía lo que hacía y había hecho, y que, sobre todo, respetaba intelectualmente al periodista, me sentí interpelado. Después escuché, con atención, el disco. Después fui para atrás, después los fui siguiendo con lo que vino. Después, también, los vi en vivo. Supe, por caso, que aquel verso que dice «La piel, los labios, donde roza la bambula, serán mi prado, mi vergel» en su canción Putita tenía una cita de La experiencia sensible, una novela que Fogwill publicó en 2001. Babasónicos es una banda que tiene con qué sostener las plumas. No es pop para divertirse. O, con seguridad, no es sólo eso.
Invenciones sobre Babasónicos , un ensayo plural compilado por Sebastián Chaves, con doce firmas de lo más diversas, se propuso indagar en ese andamiaje: de qué está hecha esa banda que logró fundir erotismo e intelectualidad, para que nada sea pura pulsión ni pura reflexión. En la contratapa, detallan las firmas y las intenciones:
Tamara Tenenbaum escribe sobre el erotismo en Babasónicos.
Pablo Schanton sobre teoría y práctica del rock.
Leo Oyola un cuento-poema.
José Bellas reconstruye los comienzos.
Julieta Habif analiza las palabras.
Pablo Plotkin la relación con la ciudad.
Gabriel Orqueda la portada de Miami.
Luis Paz los shows en vivo.
Juan Barberis la producción audiovisual.
Olivia Pranteda el lado cósmico.
Andrea Guzmán el de la independencia.
Sebastián Chaves los límites de la canción.
Aunque, como aclara Chaves en la introducción, «no nos arrogamos acá el poder de explicar qué quisieron hacer los Babasónicos en tal o cual caso. Nunca sabemos las intenciones de nadie. Ni deberían importar cuando de arte se trata. (…) Un yo que no aporta certezas sino posibilidades, es también un yo cargado de mirada. Ojalá que aquí encuentres, entonces, doce posibilidades sobre Babasónicos».
Tal vez con alguna de las firmas nos pongamos a discutir y con otras, simplemente a admirar. Alguna, quizá, pase desapercibida y una se lleve todas las luces. Quién sabe.
Este libro no es una biografía pero recorre la historia. No explica, interpreta, ensaya, prueba. Nos pasea por aspectos impensados de esa banda que nació en algún rincón de Lanús y rápidamente saltó a la escena nacional y latinoamericana con una claridad estética y una identidad intelectual de la que no cualquier otra banda puede jactarse. Babasónicos, de todas maneras, tampoco se jacta. Hacen canciones que, en su conjunto, conforman una especie de manifiesto a descifrar. Este mes vamos a intentarlo.
Armé la playlist pero por ahora sólo puse una canción: me gustaría que ustedes me recomienden sus preferidas. Si tienen el libro, nos pueden etiquetar en Instagram con alguna. Si no les gusta o interpela Babasónicos, me conformaré con que se abran a la posibilidad de verlos desde otro ángulo a lo largo de octubre. Quizás les termine pasando lo que me pasó leyendo aquella entrevista de Plotkin y, al próximo recital, vayamos todos en grupo.
Nos leemos el domingo que viene.
